El trauma es el resultado de la incapacidad de superar una situación traumática, es decir, las emociones experimentadas por la persona son mayores de lo que la persona traumatizada podría soportar.

Según la página web de Rosa Basto, psicóloga clínica, los acontecimientos traumáticos suelen estar relacionados con situaciones violentas que provocan miedo o estrés. Las agresiones físicas, la violencia sexual y las guerras, en cualquier edad, pueden considerarse acontecimientos traumáticos.

La infancia es el lienzo de la vida adulta. Así, los acontecimientos traumáticos de la infancia se reflejarán en la vida adulta. Entre las consecuencias de la infancia, el maltrato puede provocar síntomas de ansiedad y depresión, hipervigilancia y miedo intenso.

Trauma infantil

En la infancia, el trauma puede provenir de la violencia física o psicológica de los padres hacia los hijos, o incluso de la exposición a acontecimientos agresivos dentro del hogar, como la violencia doméstica, el alcoholismo o los padres ausentes. La crianza de los hijos es la clave para educar a un adulto mentalmente sano, por lo que varios expertos apoyan la idea de que el niño no debe estar expuesto a ningún tipo de violencia durante su proceso educativo.

La Ordem dos Psicólogos confirma que la exposición de los niños a la violencia puede acarrear problemas de naturalización de la misma. Cuando esta naturalización tiene lugar, el niño puede, en la vida adulta, replicar los comportamientos, ya sea en el papel de agresor o de víctima. Como el niño tuvo acceso a este tipo de violencia, los comportamientos se consideran normales para esa persona, que acepta someterse o ejercer la violencia sobre otras personas, o incluso normalizar el hecho de ser víctima.

Quienes sufren un trauma psicológico presentan síntomas como el aislamiento social, un estado frecuente de agitación, depresión y ansiedad, así como poca capacidad para manejar la ira, con brotes ocasionales.

Superar el trauma

La forma más fácil de superar el trauma infantil durante la edad adulta es el tratamiento psicológico. Varios adultos traumatizados no son conscientes de su trauma y acostumbran a ejercer la violencia hacia sus hijos como una forma de educación porque normalizan lo que vivieron en la infancia, o para huir de ciertas situaciones que para otra persona serían consideradas banales y libres de cierta vergüenza y pensamientos intrusivos.

La psicoterapia ofrecerá técnicas para deconstruir los recuerdos traumáticos y enseñar al paciente a convivir con lo que nunca podrá borrar de su memoria, con técnicas como el brain spotting.

Además de la ayuda profesional, hay formas de encontrar la paz interior y aprender a afrontar mejor los acontecimientos traumáticos.

Algunos traumas pueden hacer que la autoestima esté siempre en niveles bajos, sin embargo, existe la posibilidad de mantenerla en niveles que hagan sentir bien a la persona. Comprender las cualidades de una persona, tanto físicas como psicológicas, puede ayudar a aumentar la autoestima. Lo mismo ocurre cuando se tiene un grupo de amigos y familiares sanos. Quienes están rodeados de relaciones sanas acaban teniendo una red de apoyo fuerte, donde se sienten acogidos y respetados por personas que sólo quieren el bien para ellos.

Los recuerdos traumáticos, sobre todo los vividos durante la infancia, pueden hacer que el adulto mire al pasado con rabia y resentimiento hacia los causantes de los momentos traumáticos. Para aplacar esto, el perdón puede ser la clave para encontrar la paz interior. A pesar de ser un trabajo complicado, se puede hacer junto a un terapeuta, que te dará las herramientas necesarias para encontrar la paz interior.

Todo el mundo que nos rodea tiene un pasado y nadie puede descifrar lo que siente la persona ni por qué lo siente, por lo que hay que respetar el comportamiento de los que nos rodean y, si es posible, ayudar a la persona para que pueda vivir una vida en paz y sin hacer daño a las personas que le rodean.