Maria Prata forma parte del movimiento Reabrir A Galé, que pretende reabrir el camping. El movimiento, según Maria Prata, "comenzó como un grupo de amigos", que frecuentaban el camping de Galé.

Maria Prata dijo a The Portugal News que se enteraron del cierre del parque a través de los medios de comunicación. Como no había respuestas concretas, se crearon algunos grupos de Facebook para discutir y entender lo que estaba pasando. Sin embargo, uno de los miembros del grupo creó una petición, que ya cuenta con 12.000 firmas y que ahora tendrá que ser discutida en la Asamblea de la República.

Mientras la situación quedaba sin resolver, el grupo decidió organizar una manifestación para mostrar el "descontento" que sentían. La manifestación se programó para el 24 de julio y, aunque no todos estuvieron presentes, Reabrir A Galé intenta reivindicar sus derechos.

La publicidad que se hizo de la manifestación fue crucial para movilizar a los civiles que creen que la lucha por el camping de Grândola es justa. En total, "50 personas" acudieron a la manifestación. Básicamente, según Maria Prata, se considera que el parque, que nunca fue de dominio público, "siempre ha sido considerado casi como un bien público", debido a su acceso democrático para personas de cualquier parte del país.

Cuestiones medioambientales

El movimiento no sólo muestra su preocupación por el cierre del camping. Las cuestiones medioambientales que lo rodean también son un tema a resolver. María Prata señala la inercia de los funcionarios que deberían "velar por los intereses de sus ciudadanos". Sin embargo, también puede ser una cuestión social, ya que para muchos el camping sería la única posibilidad de que las familias pudieran tomarse unas vacaciones asequibles.

María Prata también acusa a una empresa turística, propietaria del camping, de cometer ilegalidades medioambientales en la zona. Se trata, por ejemplo, de la apertura de un campo de golf "cuyo impacto ambiental ya estaba prescrito". María Prata declaró a The Portugal News que el grupo, propietario de Costa Terra Luxury Golf, destruyó dunas y deforestó para construir un campo de golf "a unos 500 metros del mar".

Sin embargo, también destaca la confidencialidad a la que están sometidos los empleados vinculados al complejo turístico. María Prata afirma que "se prohíbe hablar a la gente", ocultando así varias situaciones.

El movimiento ya ha intentado varias formas de contactar con el complejo turístico, pero no hay respuesta. Durante la manifestación, se les permitió entrar en el camping, sin embargo, Maria Prata revela que el grupo fue observado "por coches que estaban parados" en el exterior. Maria Prata también añade que el grupo fue fotografiado por personas en coches con cristales tintados, al final, incluso fueron "seguidos por un dron", en consecuencia, el grupo se sintió observado constantemente.

El grupo seguirá luchando, no sólo por la reapertura del parque, sino también por la protección del medio ambiente y todo lo que conlleva la causa.