Tanto las mangostas como las suricatas pertenecen a la familia de los herpéstidos, pero la mangosta (conocida como mangusto en portugués) es la única que se puede ver en Portugal.

Son criaturas largas y peludas con una cara puntiaguda y una cola tupida y no son roedores, sino un carnívoro. (Para los interesados, el plural correcto de "mangosta" no es "mongeese" sino "mongooses". ¿La razón? Las dos palabras mangosta y ganso tienen orígenes completamente diferentes y, por tanto, plurales distintos).

La mangosta egipcia está confinada en el sur de Portugal y es una especie autóctona de las regiones costeras a lo largo del mar Mediterráneo, entre el norte de África y Turquía, y África.

Se mueven al galope rápido o a baja velocidad y no son fáciles de ver, ya que se mueven entre la espesura. Según la Wikipedia, se duda de si son introducidos o nativos de la Península Ibérica.

Algunos son solitarios durante casi toda su vida y otros viven en grandes grupos, que se conocen como manadas, turbas o colonias, dependiendo de la especie. A menudo, las grandes manadas pueden llegar a tener hasta 50 individuos, y en las grandes manadas es frecuente el cuidado en grupo de las crías.

Los humanos han admirado durante mucho tiempo a las mangostas por su capacidad para matar serpientes venenosas. Este rasgo también fue dramatizado por Rudyard Kipling en su cuento de 1894 "Rikki-Tikki-Tavi", en el que una mangosta salva a una familia humana de unas cobras malvadas.

Las mangostas son un rival formidable para las serpientes, en gran medida por su velocidad y agilidad, que les ayuda a lanzar ataques rápidos cuando perciben una apertura. Pero algunas especies tienen una ventaja adicional: han desarrollado una resistencia al veneno de las serpientes, lo que les permite seguir luchando incluso después de recibir una mordedura que mataría a la mayoría de los animales de su tamaño.

No son inmunes al veneno, pero gracias a mutaciones especiales en su sistema, la neurotoxina tiene dificultades para unirse a sus receptores nicotínicos de acetilcolina, lo que la hace menos eficaz.

Maduran entre los 9 meses y los 2 años de edad y viven de 6 a 10 años en la naturaleza. Se mantienen erguidos para buscar el peligro, lo que nos lleva a las suricatas, que se reconocen casi instantáneamente por su comportamiento de vigilancia "centinela".

Suricatas

Las suricatas (en portugués, suricata) viven en todo el desierto de Kalahari, en gran parte del desierto de Namibia y el suroeste de Angola y en Sudáfrica, y son el único miembro del género Suricata, un animal parecido a la comadreja que también forma parte de la familia de las mangostas.

Conocemos bastante bien a estas simpáticas criaturas, gracias a los programas de naturaleza en los que se ha documentado su vida con detalle, y a cierto anuncio de televisión en el que aparecen, que las ha hecho reconocibles al instante.

El papel de centinela lo desempeña un ayudante o un no criador, y al tener una vista extraordinaria, está al acecho vigilando constantemente a posibles depredadores y amenazas potenciales mientras el grupo está fuera de la madriguera, y dará la alarma produciendo un ladrido distintivo. Esta posición rota entre los diferentes miembros del grupo sin ningún orden en particular.

También son inteligentes. Un estudio de la Universidad de San Andrés (Escocia) ha descubierto que las suricatas tienen un complejo comportamiento coordinado que rivaliza con el de los chimpancés, los babuinos, los delfines e incluso los humanos. Resuelven las tareas con la ayuda de su "turba", pero también a través del pensamiento independiente, y el estudio observó que las suricatas realizan una amplia variedad de comportamientos sociales y solitarios para resolver las tareas.

Las suricatas pueden parecer adorables con sus grandes ojos y su comportamiento familiar, pero han desarrollado una técnica para manejar el veneno de los escorpiones que comen.

De forma inteligente, la suricata se centra en la cola, muerde el aguijón del escorpión y lo desecha. Sin su cola, el escorpión no puede liberar su veneno, pero aún queda veneno en su exoesqueleto, y para combatirlo, los suricatos han aprendido a frotar los escorpiones en la arena para eliminar cualquier resto de veneno.

Curiosamente, a pesar de vivir en el desierto, las suricatas no necesitan agua adicional en su dieta, ya que obtienen toda la humedad que necesitan de los insectos y larvas que comen, mientras que nosotros, los simples mortales, moriríamos en un plazo de 3 a 5 días sin agua adicional.