El antiguo método para limpiar una alfombra consistía en colgarla y golpearla con un batidor de alfombras. Luego vinieron las barredoras de alfombras, empujadas por medios manuales para limpiar los restos. La tecnología para fabricar una aspiradora eléctrica tardó un poco más en llegar y, en 1901, el inglés Hubert Cecil Booth patentó la aspiradora en el Reino Unido, o una primera versión de ella.

Su máquina, la "Puffing Billy", tenía una bomba de pistón de 5 CV accionada por un motor de gasolina o eléctrico. Era una enorme bestia tirada por un caballo de un lugar a otro y se ponía en marcha para los que podían permitírselo, ya que una visita no era barata: el coste equivalía al salario anual de una "tweeny", una criada doméstica junior.

Se animaba a los habitantes de las afueras a maravillarse con la cantidad de suciedad recogida a través de una cámara de cristal especial situada en el lateral de la máquina, una astuta estrategia de marketing. Después de una serie de juicios, provocados por el trastorno que la máquina causaba en las calles (incluido el miedo a los caballos) y por una serie de inventores descontentos, Booth acabó convenciendo a los tribunales de que su máquina era la única aspiradora de la época que realmente funcionaba.

Cuando había que limpiar la casa o el negocio de un cliente, se aparcaba un Puffing Billy en el exterior y un equipo de trabajadores introducía las mangueras a través de las puertas y ventanas, y aunque esto tenía evidentes aplicaciones comerciales, probablemente no simplificaba la vida del propietario medio.

Booth era ingeniero y se había propuesto fabricar una máquina que aspirara, no que soplara. Al parecer, tras unas supuestas pruebas casi mortales -en las que estuvo a punto de asfixiarse tras ponerse un pañuelo "filtro" en la boca y aspirar el polvo del brazo de una silla- formó la British Vacuum Cleaner Company y lanzó su nuevo aparato.

Su éxito fue tal que le llamaron para realizar una serie de trabajos inusuales, como la limpieza de las vigas del Palacio de Cristal, que sufrían de polvo acumulado, donde se utilizaron 15 de sus máquinas para eliminar literalmente toneladas de polvo del edificio.

Pero antes, en 1899, al otro lado del charco, un estadounidense llamado John S. Thurman patentó el primer (y único) "renovador neumático de alfombras". Aunque a veces se le atribuye la invención de la aspiradora, en realidad su máquina hacía lo contrario: desalojaba el polvo de las alfombras lanzando chorros de aire comprimido, y el polvo era soplado a un receptáculo en lugar de ser aspirado.

El que triunfó tenía un interés personal en la aspiradora -James Murray Spangler, otro estadounidense-, que trabajaba como conserje de unos grandes almacenes e inventaba cosas por su cuenta. Tenía asma, lo que no era bueno para su trabajo de limpieza de unos grandes almacenes polvorientos, y se dice que hizo su propia aspiradora con una caja de jabón de hojalata, una funda de almohada de satén como colector de polvo y un palo de escoba. Dentro de la caja, tenía un motor eléctrico de una máquina de coser que accionaba un ventilador y un cepillo giratorio. La máquina, de fabricación rudimentaria, recogía la suciedad y la soplaba en la funda de almohada, y la llamaba "la barredora de succión".

Su prima Susan Hoover (sí, esa Hoover) también pensó que era una buena idea y se lo comunicó a su marido, el industrial William Hoover, que aceptó la idea en 1908, y el resto es historia. Su invento resultó ser la primera aspiradora doméstica realmente viable.

Más recientemente, James Dyson inventó la primera aspiradora sin bolsa, después de descubrir que la bolsa de su aspiradora fallaba debido al polvo obstruido. Desmontó la máquina y, tras cinco años de pruebas y errores, inventó la primera aspiradora sin bolsa del mundo en 1983. El modelo se vendió por primera vez en Japón y, con el dinero que ganó con las ventas, lanzó su propia empresa, Dyson Ltd., en el Reino Unido en 1991. Convertida en un nombre familiar, Dyson ha ampliado desde entonces su línea de productos para incluir ventiladores, calefactores, purificadores de aire, secadores de pelo y secadores de manos.

Así que, ¿todos los electrodomésticos y aparatos inteligentes de hoy en día nos darán por fin ese futuro tan prometido de I+D? Sólo el tiempo lo dirá.