A finales de la década de los 70, el archipiélago de Madeira fue pionero en un sistema que respondería a las necesidades de la región durante los siguientes 40 años. Inaugurada en 1980, la Desalinizadora de Porto Santo fue una inversión realizada por el Gobierno Regional de Madeira debido a la escasez de agua en Porto Santo -que se agravó cuando aumentó la población y comenzaron a llegar los primeros turistas a la isla.

Situada en Vila Baleira, la desalinizadora de Porto Santo fue una de las cinco unidades industriales de su tipo en el mundo con tecnología de ósmosis inversa. Actualmente, toda el agua que llega a los consumidores y a la agricultura procede de allí. De hecho, es la única fuente de agua potable utilizada para el abastecimiento público de esta isla.

En 2019, la planta tenía una capacidad de producción de alrededor de 6.500 m³ al día, lo que es suficiente para satisfacer las necesidades de 5.000 habitantes permanentes que llega a casi 20.000 durante los meses de verano.

Según Águas da Madeira, "también fue la primera en utilizar un sistema de recuperación de energía con una turbina Pelton, que se convirtió en el estándar tecnológico durante unos 20 años. Este importante cambio permitió reducir el desperdicio de energía entre un 35% y un 40% y contribuyó a la implantación de esta tecnología en todo el mundo".

Sistema de última generación

Nuno Pereira, administrador de Producción de Agua y Residuos de Madeira, empresa responsable de la desalinizadora, dijo al diario Público que "por cada 100 litros de agua salada que entran en el sistema, salen 45 litros de agua potable".

Para ello, existen algunas técnicas de desalinización que pueden utilizarse en este tipo de mecanismos, pero la elegida por Madeira fue la ósmosis inversa, que es una tecnología que elimina la mayoría de los contaminantes del agua empujándola a presión a través de una membrana semipermeable.

Según Público, en aquella época, la mayoría de las plantas desalinizadoras del mundo utilizaban métodos térmicos para eliminar la sal del agua, lo que requería un mayor consumo de energía y, como Porto Santo no tenía suficiente capacidad energética para ello, la solución fue utilizar el proceso pionero de la ósmosis inversa.

De hecho, la desalinizadora de Porto Santo fue una de las primeras plantas desalinizadoras de agua de mar por ósmosis inversa construidas en el mundo, y la primera en Europa. Actualmente, todo el proceso tiene un consumo total de 3,5 kW/m³.

Además, "el agua que se rechaza en el proceso de desalinización (que supone entre el 55% y el 60%) se devuelve al mar con aproximadamente el doble de concentración de sales minerales en el agua".

Buena calidad del agua

A pesar del origen del agua, su calidad no es inferior a cinco estrellas, según la empresa: "El agua es de excelente calidad", aseguran.

Antes de la construcción de esta planta desalinizadora, Porto Santo sufría una grave escasez de agua, ya que el agua natural no era suficiente para satisfacer las necesidades de la población en términos de cantidad y calidad. Los bajos niveles de agua procedente de fuentes naturales se deben a las características de la isla, donde las precipitaciones son un 75% inferiores a las de la isla de Madeira.

Aunque entonces era urgente hacer algo al respecto, ahora el agua producida en esta planta es más que suficiente para satisfacer todas las necesidades. Sin ella, admiten que sería imposible crecer económicamente y atraer turistas, como ha hecho Porto Santo en los últimos años.